Violencia disfrazada de amor romántico

Seis de cada diez adolescentes españolas consideran que la violencia de género ha aumentado en los últimos años, de acuerdo al Barómetro de Juventud y Género 2017. “Siempre nos comentan que a todas nos puede pasar que tengamos una relación tóxica con un hombre machista”, expresa Anna Gómez, estudiante de 14 años del Institut d’Educació  Secundària (IES) Salvador Espriu. La violencia de género, que cobró 49 víctimas el año pasado, se cuela disfrazada de amor en las relaciones de pareja adolescentes en una sociedad machista.

JOSÉ ACCINI

“‘Si vas con tus amigas, no me quieres’, ‘si no estás conmigo todo el rato, no me quieres’, ‘Si te vas con tus amigas, pues te dejo’. Es una demanda de afecto constante”. Quien cuenta su experiencia es Marta (nombre ficticio), una chica de 15 años que fuma un cigarrillo a las afueras del IES Salvador Espriu. “Una prima mía”, cuenta Marta, “ha sufrido violencia de género, le pegaban, el chico era más fuerte y se aprovechaba de eso”. El año pasado, 49 mujeres murieron en España por causa de la violencia de género de acuerdo al boletín de violencia de género del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

¿Cómo se traduce la violencia de género en las relaciones adolescentes? “Las jóvenes hablan de los celos, de que les controlan el teléfono”, explica Carol Checa, psicóloga del Centro Joven de Anticoncepción y Sexualidad, dependiente de la ONG Asociación de Planificación Familiar de Catalunya y Baleares. Para Checa, el concepto de amor romántico y los estereotipos que impone en la sociedad da “invisibilidad a la violencia”, la disfraza. De esta manera, las jóvenes procesan actitudes de control como preocupación por parte de la pareja: “Los celos se toman como parte de este concepto de amor”. El Barómetro de Juventud y Género 2017 muestra que el 28% de las chicas consideran este tipo de comportamiento ‘normal’ en el ámbito de una relación.

Así, las adolescentes españolas hoy en día deben lidiar con temas como el sexting (chantaje a través de fotos con contenido sexual), la censura por sus parejas en su forma de vestir o llevar a cabo ciertas prácticas que las incomodan en el ámbito sexual. Todo por ‘amor’. María (nombre ficticio) tiene 17 años y acompaña a Marta fumando su propio cigarro. Apoyada sobre el muro que separa el Institut Salvador Espriu del resto de la ciudad, expone como los chicos chantajean sexualmente a las chicas para que “hagan cosas” y luego, al terminar la relación, “se pone en plan ‘esa es una guarra’, ‘esa se deja’… Maltrato psicológico, sobre todo”.

“Las conductas que más aparecen son el ‘¿dónde estás?’, ‘¿con quién estás?’, el aislarte de tus iguales, no respetar los límites del consentimiento en las relaciones sexuales”, clarifica Xavier Cela, máster en Antropología y Coordinador del Área de Secundaria en Candela, una asociación que ayuda a las jóvenes a lidiar con este tipo de problemáticas. Cela, aparte del concepto de amor romántico, señala el “mito de la confianza total” como otro culpable de estos comportamientos que “en realidad son formas de control y de violencia que aparecen en las relaciones”.

Adolescentes, Barcelona, 19.04.2018
Adolescentes, Barcelona, 19.04.2018 Foto: Asli Yarimoglu

Esta vulneración de la privacidad, cubierta de ‘confianza’, no hace más que magnificarse con las redes sociales de por medio. Una de las prácticas más usuales que deriva de esto es la de entregarle a la pareja el teléfono, hasta darle la contraseña para que tenga libre acceso. Para Anna Gómez, estudiante del IES Salvador Espriu de 14 años, lo peor de estos casos es que dejan huella y marcan las futuras relaciones que tienen las chicas: “Después de estas relaciones quedan secuelas. Si tu novio te ha pedido que le dejes ver el móvil y lo haces, luego cuando otra persona no te lo pide, se te hace extraño”.

Ayudar a las adolescentes a superar estas situaciones de violencia se vuelve especialmente complejo, principalmente porque muchas no logran identificar la situación en la que están inmersas. En medio de la violencia disfrazada de aparente romance “hay más reticencia, porque estás en una situación de película, de amor romántico, y como es lo que cumple la normativa de eso, lo normalizas”, concluye Checa. Para quitarles el velo y que vean las cosas como son, la psicóloga recurre a hacer reflexionar a las mujeres que atiende: “Conforme vamos hablando, preguntando, identificamos realmente que está en una relación de control”.

“Que las chicas puedan demostrar que tienen ganas, que se masturban, hablar de sexualidad sin que haya detrás estos estereotipos”

Raquel González, psicóloga del Servicio de Atención a Hombres, de la concejalía de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona, detalla de dónde viene esta conducta de control en las parejas, no solo en jóvenes, sino de cualquier edad: “Es un tema del sistema patriarcal y capitalista, que deja a los chicos sin saber cómo controlar las emociones, les pone una etiqueta de sensible o maricón si las expresan, y al final lo terminan expulsando como violencia”. Para González, la solución final del problema de la violencia de género está en que el hombre se libere del rol que le impone la cultura y cambie su forma de actuar. Anna Gómez cuestiona el por qué se les dice a las mujeres que se protejan, en lugar de decirle a los hombres que no agredan a sus parejas. “A un hombre nunca le dicen ‘no violes’, en cambio a las mujeres les explican ‘qué hacer si te violan’”.

El Barómetro de Juventud y Género de 2017 revela como cuatro de cada diez chicas no se consideran feministas. Por esta razón, se considera igualmente importante darles a las adolescentes una educación de empoderamiento, que se sientan libres de romper con lo que se espera de ellas y aprender a llamar al control y a la violencia en la pareja por su nombre. “Que las chicas puedan demostrar que tienen ganas, que se masturban, hablar de sexualidad sin que haya detrás estos estereotipos”, sentencia Checa. Lo sano, concluye la psicóloga, es el consenso en una relación de iguales. Marta lo resume antes de apagar su cigarro: “Igualdad para los dos, si tú puedes salir de fiesta, yo también”.

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