La grieta de Catalunya llega a las urnas

“Independentistas”, “constitucionalistas”, “libertad”, “violencia”, “paz”, “conflicto”. Son palabras que se han vuelto parte de un discurso que escuchan a diario los ciudadanos de Catalunya. Radicalmente diferentes unas de otras, han definido un ambiente político polarizado. Si no quieres una Catalunya independiente, quieres que siga como está con el Estado español. Si no estás a favor de la causa, estás en contra de ella. El proceso que ha seguido la comunidad autónoma ha dejado una grieta con aproximadamente un 50% de la población de cada lado.

POR: JOSÉ ACCINI

CRÓNICA DE CAMPAÑA // Habrá dos ideologías que competirán en las urnas el 21-D. De un lado de la grieta estarán los que buscan la independencia. Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Junts pel Catalunya (JuntsxCat) y la Candidatura d’Unitat Popular (CUP) representan al sector de la población catalana que desde 2010, con el fallo del Tribunal Constitucional a favor del recurso que el PP hizo contra el Estatut de 2006, comenzó a distanciarse del Estado. En campaña, todos han denunciado la actuación del Gobierno central tras el referéndum del 1 de Octubre que dejó, de acuerdo con el juez Francisco Miralles Carrió, encargado del caso, 130 civiles heridos (aunque la Generalitat estimó los afectados en 893), la activación del artículo 155 de la Constitución y los llamados “presos políticos”.

Sin embargo, incluso entre ellos hay divisiones. Junts pel Sí ha desaparecido y JuntsxCat y ERC se presentan por separado. Oriol Junqueras, primer candidato de ERC y ahora en prisión preventiva por “riesgo de reiteración delictiva”, ha tenido roces con Puigdemont, President cesado y primero de JuntsxCat. Junqueras ha enfatizado que él sí está en prisión porque asume las responsabilidades de sus actos. Pero Puigdemont  le replicó que “yo no me he movido de donde estaba”, como forma de remarcar que Junqueras ha aceptado el cese impuesto por el Gobierno central. La CUP se niega a renunciar a la unilateralidad. Existe, y es algo que marca a todos los partidos, no solo a independentistas, una incapacidad de dialogar y llegar a un acuerdo. Todo es innegociable.

Esta realidad política deja marca en la población de Catalunya. Al utilizar JuntsxCat valores fundamentales como “democracia” o “libertad” o denunciar un trato de “golpe de Estado” al estilo de la CUP, o una “dictadura” como ha dicho ERC, los partidos aprovechan las emociones de repudio de muchos catalanes hacia el Estado y toda posibilidad de diálogo queda desterrada. Las fronteras de lo que puede o no puede hacerse para conseguir la independencia se diluyen. Al final, se terminó yendo contra la ley y las consecuencias ensancharon el abismo entre un bloque y el otro. El Gobierno y la Generalitat tensaron la cuerda y Catalunya está más lejos de España que nunca.

En medio, con un pie a cada lado de la grieta, Catalunya en Comú-Podem, de la mano de Xavier Domènech, no se une a nada, pero tiene reproches para los dos bloques. Al procés lo califica como “mucho de poder y poco de país” y a los constitucionalistas los define como un “Govern Frankenstein, que no suma”. Los dos lados tiran de él, por eso en campaña ha defendido que “tiene la llave”. Dentro de un Parlament con dos bloques a un paso de conseguir la mayoría, CeC es el partido que puede inclinar la balanza.

Del otro lado de la grieta, en Catalunya están los que desean seguir formando parte de España. El Partido Popular de Cataluña (PPC), el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) y Ciudadanos (C’s) hacen todos un llamamiento a la unidad, pero no lo hacen juntos. Xavier García Albiol, del PPC, ha apelado a la crítica del otro para construir su propia imagen. Se ha mantenido último en todas las encuestas. El PSC, con Miquel Iceta a la cabeza, ha reclamado “convivencia y diálogo”, pero se ha mostrado disconforme con las propuestas de sus ‘compañeros constitucionalistas’ en el debate de TV3. La gran ganadora de este trío es Inés Arrimadas, de C’s, cuya popularidad no ha dejado de crecer desde que arrancó la campaña y busca “dejar atrás el procés”.

¿Pero es suficiente la apelación de Iceta a “dejar el pasado atrás”? La promesa constitucionalista se siente lejana y genera desconfianza en la mente de los partidos independentistas. Desprecian frases como “Una Catalunya fuerte dentro de una España fuerte” (Iceta); “Seguir siendo catalanes, españoles y europeos” (Arrimadas)  o las referencias al “bloque de la incertidumbre y la división” (Albiol). Pero, al momento de cruzar la grieta, con el President en exilio voluntario, el Parlament disuelto, algunos dirigentes encarcelados -los considerados “presos políticos” Junqueras, Forn, Sánchez y Cuixart- y la actuación policial del 1-O…. todo resuena y divide a la ciudadanía este 21-D.

Los errores cometidos a ambos lados de la grieta han creado uno de los  panoramas políticos más complicados que ha vivido España. Todos los partidos llaman al diálogo, al acuerdo. Sin embargo, ninguno se muestra dispuesto a ceder. Al grito de “independencia” se le responde con otro de “unidad”, sin que las voces se acerquen a dialogar. Cuando los catalanes voten este 21 de diciembre, podrán elegir un nuevo Govern, pero lo harán como una comunidad fracturada, sometida a dos ideales diametralmente opuestos.

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