El lado oscuro de las camas limpias

mareras de

SANDRA HINTERDORFER Y CECILIA VERGNANO

Una de las primeras cosas que llaman la atención a quienes visitan la casa de Eulalia Corralero es el esténcil negro situado justo en el centro de la pared blanca detrás del sofá, que reza: “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos el coraje de perseguirlos”. Eulalia Corralero lleva treinta de sus cincuenta años haciendo unas cuarenta camas al día y acondicionando veinte habitaciones seis días a la semana en un hotel de tres estrellas en Lloret de Mar.

A pesar de que su trabajo la deja exhausta al final del día, no pierde la fe en que el mundo (al menos, el laboral) puede ser un lugar mejor. Con este objetivo, hace dos años impulsó un grupo en Facebook denominado “Las Kellys” cuyo éxito ha superado todas las expectativas y cuya fama ha corrido como la pólvora por toda España. Una plataforma que nació como grupo de autoayuda y de apoyo entre las que limpian los hoteles (de ahí “las quelis”) se convirtió en un instrumento de toma de conciencia y de empoderamiento de uno de los colectivos de trabajadoras menos reconocidos en el sector puntero de la economía española: el turismo.

En el contexto general de crisis, las previsiones de la patronal turística Exceltur hablan por sí solas: a finales del año 2016 España habrá recibido 75 millones de turistas, seis millones más que en 2015. El PIB ligado a esta actividad habrá aumentado un 4,4%. España lleva años batiendo récord en este sector. Julio de 2016 fue el mes con más turistas a lo largo de la historia de España. El sector hotelero atrae cada vez más inversiones de capitales: el volumen de inversión en hoteles alcanzó los 2.650 millones de euros en 2015, lo que supone un incremento del 124% respecto a 2014, cuando se sumaron 1.180 millones, según el último informe realizado por JLL Hotels & Hospitality Group. España se posiciona así como el tercer país europeo con mayor volumen de inversión hotelera tras Reino Unido y Alemania.

Caída de los salarios

Sin embargo ¿cómo repercute esta riqueza en las trabajadoras que limpian las habitaciones de hotel? Muy poco: en concreto, trabajo a destajo y sueldos que se sitúan entre los 1,10 y los 3 euros por habitación, por un total de alrededor de veinte estancias por día. Muchas veces, el sueldo no alcanza ni los 700 euros al mes. Paralelamente al crecimiento de la industria turística se ha producido una fuerte caída en los salarios de las camareras de piso y una intensificación de los ritmos de trabajo.

Según Ernest Cañada, “las consecuencias de este cambio han sido traumáticas para las trabajadoras. Se ha acentuado la sobrecarga de trabajo y el deterioro de sus condiciones de salud.”

“Pagan por habitación hecha”, explica Eulalia Corralero. “La que gana 2,50 euros por estancia es una privilegiada. Si me pongo a hacer cálculos, yo tengo trece minutos por habitación y no llego a los 1,80 euros.” Maite Rodriguez, una limpiadora de Lloret de Mar, añade: “Ahora lo que pasa es que te hacen un contrato por 20 horas, pero no pone ‘te vamos a pagar tanto por habitación’: esa es la trampa que hay. Entonces, para terminar todas las habitaciones dentro de tu horario, tienes que correr como loca. Muchas veces ni me da tiempo para comer ni puedo tomarme una pausa durante ocho horas. Al final del día estoy destrozada. ¿Qué cuerpo aguanta esto?”, pregunta retóricamente.

La explicación de este deterioro de las condiciones de trabajo tiene un nombre: externalización. “La última reforma laboral de 2012 estableció que los convenios de empresa prevalecen por encima de los convenios colectivos sectoriales,” explica Ernest Cañada, docente de la Universidad de Barcelona y autor del libro “Las que limpian los hoteles” (2015). “Esto ha vuelto muy conveniente la externalización y la subcontratación de determinados departamentos, especialmente el de pisos. Las consecuencias de este cambio han sido traumáticas para las trabajadoras. Se ha acentuado su malestar, la sobrecarga de trabajo, el miedo a perderlo y el deterioro de sus condiciones de salud.”

Eulalia Corralero cree que “ahora lo que tenemos son jornaleras de la hostelería”

Cañada empezó a investigar el asunto hace tres años y ha recogido más de cien entrevistas en profundidad a trabajadoras de los departamentos de pisos, a personal técnico, a dirigentes y a sindicalistas. “Una de las cosas que más me sorprendió es que una de las fuentes de malestar más grandes en este colectivo es el hecho de no poder hacer bien su trabajo. En ciertos hoteles se dan órdenes de no cambiar las sábanas de un cliente al otro hasta que no haya una mancha, para poder así  trabajar más deprisa, y ahorrar. Las camareras de piso sienten vergüenza… No pueden dar una atención personalizada y de esta forma pierden su motivo de reconocimiento profesional.”

Eulalia Corralero considera que “ahora lo que tenemos son jornaleras de la hostelería”. El problema es más grave de lo que puede parecer a primera vista. “Cuando dentro de diez años los países del Norte de África se recuperen y vuelvan a ser destino turístico, aquí solamente quedará un sector desprofesionalizado. Ahora esto a los empresarios les conviene en términos de costes… pero por lo que se refiere a los costes ¡siempre hay alguien que puede rebajar más que tú! Creo que, en términos de políticas públicas, esto debería preocupar más.”

Hay otras razones, además de la externalización, para explicar estas condiciones de trabajo aparentemente insostenibles: la feminización prácticamente absoluta del sector, con fuerte presencia de mujeres inmigrantes. “El perfil de la limpiadora es una mujer, muchas veces inmigrante, divorciada o viuda. O sea, el único soporte de la familia,” comenta Corralero. Y añade: “Es un sector muy vulnerable. En otros ámbitos de la limpieza hay más hombres. Los barrenderos, por ejemplo, tienen unas nóminas que están muy bien y unos derechos muy buenos. Pero el nuestro es un trabajo que no se ve. Somos invisibles.”

Visibilización

Jordi Juan Monreal, abogado de 30 años, ha empezado a dedicarse a la tutela de los derechos de las camareras de piso justamente por eso: “Me llamó mucho la atención que fuera un sector tan marginal, invisible, precario y feminizado.” A día de hoy Jordi se dedica entre otras cosas a dar charlas informativas a las Kellys de Barcelona. En la última, dedicada a la inminente negociación del convenio de hostelería y que tuvo lugar el pasado 1 de diciembre, acudieron unas diez limpiadoras.

Una participación tan reducida quizá se puede considerar como fruto del miedo y de la dificultad de compatibilizar la lucha laboral con la vida familiar, o directamente con la poca confianza en las formas sindicales tradicionales. Sin embargo, el grupo privado de Facebook “Kellys confederadas” cuenta con 8.756 miembros en toda España.  “Lo que les está dando poder son los medios, las redes sociales. He tenido que ser yo la que les ha enseñado a los sindicalistas que el mundo ya ha cambiado. Mujeres en la cincuentena se han movido con habilidad en el mundo digital.

El trabajo de visibilización ha empezado a dar sus frutos. Muchos de los principales periódicos, como El País, La Vanguardia y El Mundo, ya han tratado el tema en sus páginas. “La campaña de las camareras de piso ha permitido que las trabajadoras ahora puedan discutir con normalidad sobre las cargas de trabajo”, explica Ernest Cañada. “Hasta hace dos años, decir ‘no podemos hacer 30 habitaciones en un día’ era una locura.”

Según Antonio Catalán, presidente de la cadena AC Hoteles, “si este país no chuta es porque los empresarios no generan puestos de trabajo”

Señales de incomodidad con respeto a los impactos de la externalización han empezado a producirse incluso entre los directores de hoteles. Sonia (que prefiere no dar su nombre real, por política de empresa), jefa de recepción en un hotel de cuatro estrellas de Barcelona, cuenta que “han hecho reuniones de directores y están todos en contra de la externalización”. Es relativamente reciente también el outing de Antonio Catalán, presidente de la cadena AC Hoteles. “Si este país no chuta es porque los empresarios no generan puestos de trabajo” declaró Catalán durante su intervención en el Foro Lidera Málaga que tuvo lugar a finales de noviembre del 2016. “Con la última reforma laboral, puedo despedir pagando 20 días por año y empezar a subcontratar. Es lo que hacen los que explotan a las camareras de piso, y lo digo con todas las letras: explotan”.

“Ya que Antonio Catalán ha arrancado, a ver si alguien más arrancará”, comenta Maite Rodríguez. “Pero es que les pasa lo mismo que a nosotras. Que sale una y habla, y las demás piensan ‘¡Uff! Sí, tiene toda la razón, pero yo me voy a callar.’ A los empresarios les pasa lo mismo.”

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