Góticos irreductibles

Por Marlene Góngora, Gisela Jimeno, Alejandro Martínez y Adriana Oñate

El movimiento gótico está en peligro de extinción. Con el pasar del tiempo, la escena se ha ramificado en varios sectoresGothic Lolita, vampirismo y Gothic Punk, entre otros.  A diferencia de los años ’80, momento en que se gestó esta tribu urbana, la esencia gótica ya no pesa como antes. 

Son las 12 de la madrugada y la entrada al “Undead Dark Club” aún está cerrada. La gente fuera del bar comienza a juntarse. La calle Violant d´Hongria de Barcelona es un desfile de encajes, cuero, plataformas y terciopelo. Tanto los hombres como las mujeres llevan la cara maquillada de color blanco y los labios oscuros. Algunos llevan melenas largas, piercing y uñas negras. Ellas llevan corsé y cabellos de colores con peinados elaborados. Al fondo, sobre la pared negra que lleva a la cabina del DJ, sobresale Nosferatu. Gárgolas, ataúdes y calaveras dan cabida a una noche de vampiros. La tendencia gótica se apodera de este disco bar que ha sobrevivido desde los años ‘90.

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La fiesta comienza un sábado por la noche en el Undead Dark Club. FOTO: GISELA JIMENO

En el Reino Unido, a finales de los ‘70 y mediados de los ‘80, el sentir de los jóvenes de clase obrera se identificaba con el punk de grupos británicos como Sex Pistols, The Clash, y de norteamericanos como Iggy and The Stooges y los Ramones. La tendencia gótica se gestó en Alemania a partir de este sentimiento de rebeldía.

A comienzos de los ’80 se difundió en el resto del mundo. A España llegó durante la llamada “Movida Madrileña”, el movimiento contra cultural posfranquista que vio nacer las películas de Pedro Almodóvar y dio cabida a grupos como Alaska y Dinarama, Radio Futura y Nacha Pop, entre otros.

Gárgolas, ataúdes y calaveras dan cabida a una noche de vampiros. Todos son góticos en el Undead Dark CLub, una sala que sigue atrayendo desde los  noventa a esta tribu ahora menguante

“La sociedad está muerta; vestir de negro es como lo representamos”, explica David Altadill, un catalán de 41 años que se identifica con el movimiento desde los 13. Altadill lleva gafas oscuras durante el día. En las manos lleva tatuado el año 1714 como símbolo de su apoyo a la independencia de Cataluña. Su estética manifiesta una rebelión a la opresión sufrida durante los años franquistas.

En este movimiento se respira un culto constante por los vampiros. David Lorenzo, de 25 años, se siente como el Drácula de la película de Bram Stoker. Lleva el cabello largo a media espalda, oscuro y muy lacio. Su vestimenta negra de pies a cabeza contrasta con una capa roja y larga de estilo victoriano. “Soy demasiado sensible para el contacto con el mundo. Llevo una vida muy simple y solitaria”.

David no se deja fotografiar “porque los vampiros no pueden ver la luz, ¿recuerdas? Me quita un poco de mi alma”. Sus ojos reflejan la melancolía que lo caracteriza. Vive en un pueblo cerca de Gerona, conocido por una muralla y un castillo medieval. Le llena de ilusión vivir donde se filmaron algunas escenas de la mini serie con Gerard Depardieu El conde de Montecristo. “Me inspira. La vida del Conde es un reflejo de la historia de la sociedad”.

No todos los que se consideran góticos son personajes oscuros o depresivos como los han querido estigmatizar. Para Celia Sánchez, una madrileña de 22 años que trabaja como dependienta en la tienda Camden, en la calle Tallers, “los góticos son quienes se atreven a ser diferentes”. La decoración del establecimiento donde trabaja parece la de la noche de brujas los 365 días del año.

La comunidad joven ve la estética gótica como una vestimenta de fin de semana y no como una forma de vivir

Hace unos años la calle se ponía toda negra por la vestimenta de las personas, era impactante”, añade Celia con respecto a la popularidad del movimiento en los ‘90. Este auge de la cultura  se ha visto menguado en la Plaza Castella, en El Raval, punto de reunión de los góticos hasta hace unos años. A partir del año 2000, la zona se ha vuelto más comercial y se ha establecido alrededor del turismo y del mundo universitario.

Celia pertenece a este movimiento desde que tenía 16 años. Comenta que lo primero que la llevó al mundo gótico era un “sentimiento oscuro”, producto del efecto que tenían en ella la música y los libros que leía. Lleva falda corta estilo escocés, calcetines altos y el cabello suelto adornado con una diadema roja. Define su estilo de vestir como Gothic Lolita, una categoría dentro de la moda gótica actual que se entremezcla con el mundo del Anime japonés.

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Alexandra Banoiu, nacida en Rumania y residente de Barcelona, siente atracción por la música y el movimiento gótico. FOTO: GISELA JIMENO

La forma de pensar de los góticos resulta un imán, incluso para quienes no llevan la misma vestimenta. Alexandra Banoiu, estudiante de artes escénicas, siente atracción por la música y por la ideología del movimiento. La joven apunta: “aunque algunos los llamen oscuros, son más reales y auténticos que el resto de la gente”.  Se describe como una veinteañera con gran sensibilidad humana. Cuenta que en sus primeros años de colegio sufrió marginación por ser una niña “con pensamientos diferentes”.

La comunidad joven de ahora ve la estética gótica como una vestimenta de fin de semana. Estela Garrido, barcelonesa de 21 años, afirma: “Tengo dos fondos de armario, uno para el día a día y otro, de estilo gótico, para la noche”. La rebeldía que encendió a los jóvenes góticos de los ’80 se ha difuminado con las nuevas generaciones.  “La escena gótica en Barcelona está en peligro de extinción”, sentencia David Altadill, integrante del movimiento en la ciudad.

Un punto de encuentro que no muere 

“Nos costó tanto conseguir un local estable que el Undead Dark Club es casi como un hijo”,  cuenta Luis Miguel Pavón, dueño del establecimiento ubicado en la calle Violant d’Hongria del barrio de Sants. Según aseguran en las tiendas alternativas de la calle Tallers, este club es el punto de encuentro más importante de la escena gótica actual de Barcelona.

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La concurrida “Noche de vampiros” en el Undead Dark Club. FOTO: GISELA JIMENO

En 1987 Pavón, conocido como DJ Luismi, comenzó a pinchar discos en fiestas durante el auge del Gothic rock. “Al principio era un hobby y lo hacía para hacerles un favor a mis amigos”, recuerda. Casi una década después, junto a su socia Mireia García, conocida como Lady Morte, decidió abrir un club para decorarlo y poner música de su gusto. Así nació el Undead Dark Club.

“El club ha sobrevivido porque nos gusta”, afirma DJ Luismi. “Desde el punto de vista de un empresario que quiera hacer mucho dinero, yo hubiera cambiado de estilo”, dice. Aquí se reúnen los góticos que celebran fiestas temáticas semanales como “Noche de vampiros”, “Metal vs Goth”, o especiales musicales de Rammstein y Marilyn Manson. La barra del lugar simula un castillo medieval. Láseres color rojo, verde y azul alegran las calaveras que conviven con botellas de whiskey, ron y ginebra. Las columnas simulan criptas que rezan Requiescat in pace (Descanse en paz). Un epitafio que los góticos de Barcelona rehusan asumir.

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