Miquel de día, Michelle de noche

JEYZON RICARDO FERNÁNDEZ Y EDUARD PÉREZ

De día es un eficiente asesor inmobiliario. De noche se transforma: montada sobre unos altos tacones y cubierto su cabello por una larga peluca, Miquel da rienda suelta a su alter ego, Michelle, “la divina”.

A primera hora de la mañana Miquel Peláez apaga el despertador de su móvil color oro rosa.  Lo hace con mucho cuidado, para evitar que la figura de un flamenco que tiene en su mesita de noche acabe por los suelos. En la habitación de Miquel, barcelonés de 24 años, hay una placa de reconocimiento al vendedor del año 2015 de la inmobiliaria La Llar finques de Montornès, donde trabaja desde hace cuatro años como asesor inmobiliario.

Después de quitarse las legañas y de mojarse la cara se prepara su desayuno favorito, una tortilla de claras acompañada de una manzana. Lo degusta en su cocina abierta al salón. Otro flamenco, un reloj y una piña amarilla decoran la campana sobre la encimera.

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Miquel Peláez sube a su coche para dirigirse a la inmobiliaria donde trabaja. FOTO: EDUARD PÉREZ

Miquel sale de casa vestido con un discreto jersey gris y parapetado tras unas gafas de sol. Conduce su Nissan X-Trail plateado bajo la atenta mirada de la moreneta de Montserrat que cuelga del retrovisor, un regalo de su madre. La hora de camino que tarda en llegar a Montornès del Vallès la pasa cantando canciones del grupo Fangoria.

Todas conocen su secreto

Últimamente hay poco movimiento entre las cuatro paredes blancas de la inmobiliaria.  Miquel repasa los contratos de una gran montaña de documentos que ocupan su mesa. Suele haber momentos de desconexión con las demás compañeras. Todas conocen su secreto. Hay muy buen ambiente e incluso su jefa le presta un bolso clutch negro mientras le anima a que siga siendo tal y como es. Todas le llaman “la Divina”.

Son las dos de la tarde y Miquel vuelve a coger su coche para dirigirse hacia el pueblo de Vallromanes. Allí lo espera su madre para comer. En el salón, la televisión se convierte en un mero ruido de fondo.  “¿Quién sabe si me volverán a dar la placa a la mejor vendedora del año?”, comenta Miquel ante su madre. Se refiere a sí mismo en femenino, pero se siente hombre. 

Poco después empiezan a llegar invitados. Iván, uno de sus mejores amigos, es el primero.

“¡Me chocó un montón la primera vez que lo vi transformado! fue en  Halloween. Lo hace de forma totalmente natural”, comenta su amigo Iván

Miquel cena en casa una pizza sin sacarla de la caja de cartón. Luego se encierra en el baño y sale cubierto por un albornoz. Su casa se ha llenado de amigos y está a punto de empezar el ritual de convertirse en mujer. Lo hace por pura diversión. Siempre se maquilla solo, pero esta vez va muy justo de tiempo y le pide ayuda a otro amigo, Álex. Después de una hora y media de proceso, Miquel sentencia: “¡Nena ya está, que no soy tu Picasso!”

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Miquel se maquilla en su cuarto de baño para dar vida a Michelle. FOTO: EDUARD PÉREZ

Se dirige a su cuarto, donde se enfunda un largo vestido blanco que él mismo cosió y se calza unos tacones de dieciséis centímetros.  “¡Me chocó un montón la primera vez que lo vi transformado! Fue en una fiesta de Halloween. Me hace mucha gracia porque es algo totalmente natural, ves que le sale de dentro, no hay nada forzado”, comenta Iván, uno de sus mejores amigos.

Michelle Divine ya está lista para salir de fiesta. Lleva una peluca morena con mechas purpuras. En su cara maquillada unos tonos más pálida de lo normal resaltan sus grandes labios rojos. Los ojos, oscurecidos por el rímmel, visten sombras de un tono azulado y largas pestañas postizas. Por encima de sus cejas verdaderas, ahora camufladas bajo un espeso maquillaje, se perfilan unas ficticias de color castaño y de línea muy fina. “Me gusta parecerme a una mujer conservando algunas de mis facciones de hombre, como los concursantes de RuPaul’s Drag Race, programa que busca la siguiente súper estrella drag queen y del que soy fan número uno”.

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Michelle Divine lista para salir de fiesta posa en la puerta de su casa. FOTO: EDUARD PÉREZ

De camino a la Sala Tango de Barcelona, la gente ajena al grupo mira a Michelle Divine con asombro, igual que hicieron sus amigos la primera vez que la vieron. Un taxista le grita: “¡qué guapa vas!” En ningún momento se lo toma a mal. “Para mí el respeto es algo fundamental, no es nada correcto que alguien juzgue a otra persona sin conocerla”. Cuando piensa en cómo la ve la gente, apunta: “Nunca ha habido burlas contra mí. Es cierto que la gente me mira por la calle, pero se divierte. Creo que hacen falta más risas en esta vida: no sé si es porque nuestra sociedad está muy triste, pero hace falta alegría. Cuando la gente se ríe conmigo no sé si lo busca, pero estoy segura de que lo agradece”.

“Creo que hace falta más risas en esta vida, cuando la gente se ríe conmigo no sé si lo busca, pero estoy segura de que lo agradece”

Sobre la una y media de la noche, el grupo atraviesa las puertas del local. Un hombre con un vestido largo y negro y unas pestañas postizas hasta la barbilla saluda a “la artista”, como a ella le gusta definirse.

Presentarse como Michelle forma parte del juego

“Es gracioso saludar a gente en las fiestas a las que voy vestido de Michelle y después encontrármela por la calle y que no me reconozca”. En la sala de fumadores, Miquel/Michelle bromea, cigarro en mano, con sus amigos. Algunos de los presentes en la conversación no son conscientes de la existencia del Miquel agente inmobiliario. Pasadas las tres de la noche, la Sala Tango de Barcelona se empieza a llenar y, al ritmo de las canciones de Kika Lorhace, Michelle da rienda suelta a su arte. En medio de un corro improvisado, que lo convierte en el centro de todas las miradas, baila y canta: “Vamos arriba maricón dale… vamos a mover esos abdominales…”.  

Avanza la noche y aunque los tacones la estén matando, las ganas de bailar son más fuertes. Sus amigos reclaman su presencia, parece que la fiesta no es lo mismo sin ella. En sus caras se aprecia cómo aumenta la diversión cuando está Michelle. A las seis de la mañana regresa cansada a casa mientras canta a capela sus canciones favoritas.

Los recuerdos de la noche ocupan los pensamientos de Miquel a la mañana siguiente. Ahora espera ilusionada el viaje a Madrid para comprar una larga peluca que encargó en la tienda Burlesque. Quiere convertirse en una Michelle rubia platino.

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